Magdalena Guzman

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Subak. Donde lo terrenal y lo sagrado fluyen juntos

Inefable. Mágica. Abundante. Bali tiene esa vibra que inunda los lugares donde las fronteras entre lo terrenal y lo sagrado apenas existen. Dioses, mitología, ceremonias, festividades, devoción, ofrendas son parte del día a día. Están presentes en todo minuto y en cada lugar. Se viven de la manera más sencilla y al mismo tiempo más profunda y arraigada que uno pudiese imaginar. 

Bali es una de las 17.508 islas que componen Indonesia, el país más grande y poblado del Sudeste asiático (el cuarto más poblado del mundo, y el número quince en términos superficie). Pero Bali es distinta. Es especial. 

Por algo la llaman “la isla de los dioses”. A diferencia del resto del país, donde el 86 por ciento de habitantes son seguidores del Islam (Indonesia ostenta el récord de ser el país con la población musulmana más numerosa del planeta), el 90 por ciento de los habitantes de Bali son hinduistas, aunque no de la manera tradicional. 

En Bali profesan un hinduismo propio y único en el mundo. El «hinduismo balinés» mezcla la creencia en los dioses y doctrinas hindúes con las creencias animistas de los primeros habitantes y el culto a santos budistas.

Y también logra mezclar hasta lo más sencillo y cotidiano con la sublime presencia de los dioses. Un ejemplo de ello es el particular método que utilizan para conducir el agua entre los campos de arroz, con un sistema de irrigación único en el mundo llamado SUBAK. 

El Subak canaliza el agua desde la fuente hasta los arrozales, haciéndola pasar a través de varios templos ubicados en las terrazas donde se encuentran los cultivos. El control del agua está en manos de los monjes, que se rigen por la filosofía del Tri Hita Karana, o los tres principios del bienestar: la armonía con Dios, con el hombre y con la naturaleza. 

El Subak está reconocido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad por su significativo valor cultural. Se remonta al siglo IX y nos muestra cómo agricultores, monjes y dioses pueden convivir armónicamente un mismo lugar.